Sin duda, este partido de Cuartos
de Final era el partido del morbo, precisamente porque se enfrentaban Alemania
y Grecia. La explicación de esto, es que en una Europa empobrecida y asolada
por la crisis, hay dos países que destacan sobre los demás.
Por un lado nos encontramos con Alemania,
país que domina el continente europeo sin haber empleado la fuerza como en sus
dos intentonas anteriores en forma de Guerras Mundiales y que cada vez se enriquece más a costa de los
países más afectados. En el otro bando está Grecia, el país ‘rescatado’ o
explotado, que sufre día tras día las duras condiciones que implican este
hipotético rescate europeo.
Angela Merkel estaba en Gdansk para presenciar lo que se
preveía una victoria fácil de su equipo, la todopoderosa Alemania, que por otra
parte había mostrado un juego vistoso, contundente y pragmático a lo largo de
la primera fase, algo que le hacía parecer sin duda un rival temible y con el
permiso de España, el rival a batir.
Por tanto, este partido de Cuartos de Final no deja de ser una
representación moderna del duelo entre David, reencarnado en Grecia; y Goliat,
personificado en Alemania; con la diferencia de que, esta vez, el vencedor
sería Goliat.
Políticas al margen, el partido
comenzó con un dominio aterrador por parte de los teutones, que tocaban el
balón a su antojo, llegaban a la portería griega con una pasmosa facilidad y se
convertían rápidamente en dueños y señores del partido. Llama la atención que
para este encuentro, Löw decidió renovar el ataque alemán para dar descanso a
algunos titulares mediante la inclusión de Klose,Reus y Schürrle en el once
inicial, y por parte de los griegos, no pudo jugar el capitán Karagounis,
sancionado.
A los 3 minutos primer aviso
alemán un gol anulado a Schwensteiger anulado por fuera de juego. Después
ocasiones de Özil, tras jugada personal, que detiene Sifakis; y Reus, que se va
directamente fuera. Los griegos respondían con un tímido pero colocado disparo de
Ninis, que rechazó Neuer, pero pronto Alemania se dejaría de dar avisos y en el
minuto 38 Lahm hacía el primer gol del
partido con un potente disparo junto al palo .
Con este gol del capitán alemán
se llegaba al descanso, y en el inicio de la segunda parte, Grecia, que seguía
empeñado en su juego de defensa y contraataque, encontró su premio en el minuto
54, con un contragolpe por la derecha en el que Salpingidis asistía a Samaras
para que pusiera las tablas en el marcador. Este gol borró de un plumazo las
sonrisas de miles de alemanes que junto a Merkel habían pensado en una plácida
noche para los suyos.
No obstante, 6 minutos después
Khedira marcaba un golazo con una potente volea dentro del área que adelantaría
de nuevo a los germanos y sería un gol clave para el devenir del partido, ya
que permitiría que Alemania se viniera arriba y marcara hasta dos goles más. El
primero, en el minuto 67 tras un saque de esquina efectuado por Özil, que
encontró en Klose su rematador perfecto al hacer el 3-1. Poco después, en el
73, Reus sentenciaba el partido con un disparo potente y a la escuadra tras un
rechace, lo que dejaba un contundente 4-1 en el marcador.
La superioridad alemana era ya
palpable en el ambiente, aunque un penalti a favor de Grecia en el 88 por mano
de Boateng, iba a servirle a Grecia para maquillar el resultado con un gol de
Salpingidis que dejaba el 4-2 final en el marcador.
Alemania, ganó bien pero sin la
comodidad que se esperaba en un principio, siendo muy grata y sorprendente la
incorporación de dos jugadores de banda como Reus, y Schürrle, un rapidísimo
extremo del Bayer Leverkusen cuyo extraordinario juego cautivó hasta a los
menos futboleros.
Por su parte, Grecia dejó bien claro que sin llegar demasiado
puede hacer goles y que todavía no ha dicho su última palabra en el mundo del
fútbol, olé por los griegos.
En resumen, un partido vibrante y precioso de ver, que se salda con el pase a semifinales de Alemania, donde se verá con la Italia de Balotelli. Por su parte, Grecia vuelve a casa con la cabeza alta y con la conciencia bien tranquila, tras haber hecho un torneo muy digno en el que Salpingidis ha brillado como nunca y Fernando Santos ha demostrado ser un gran seleccionador.

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